“Quizá esto es lo más interesante de mi vida”, a veces creo que para ser lo que se dice “especial” tengo que haber pasado por una situación semejante que demuestre que aquel adjetivo me asienta bien. Mientras tanto he decidido involuntariamente (claro, suena paradójico, de hecho lo es) pasar mis días de modo melancólico, reflexivo. Siento por instantes lejanos que no llego al punto, no sé si deseo llegar. No sé ni si quiera lo que es, me gusta lo que pasa tan efímeramente en mi interior, pero aún no logro comprenderlo. La verdad nos hace un poco mas libres, tal vez sea esto parte de un final retórico o pintoresco. Decido ser un poco más natural, camuflarme en la cotidianeidad, no tolero tanta soledad.
Es la primera vez que escribo más concretamente, que escribo sobre mí. Me gusta esta nueva perspectiva, siempre me costo correrme de ese lugar de redentora, nunca lo fui ni lo seré, puedo haber encontrado la lógica de ciertas cuestiones, pero me resulta en vano intentar transmitirlas, siento que nada queda, escucho los primeros daños que ocasiona la fragilidad y me estremezco. Quizá hay algo que nadie nota, pero soy tan cobarde, si alguien se detuviera a observar mis ojos lo notaría, no soy lo que todos creen. En textos anteriores mencione lo banal de la imaginación, que nos hace crear un “ser” propio un tanto falso, irreal, muy utópico. Todo esto siento cuando dejo de soñar y caigo, pero nadie oye mi tenue grito, mi verdad. ¿Verdad? No quiero que me escuchen, me gusta caminar sola y apreciar mí alrededor y no me gustaría que alguien lo entienda porque soy un tanto posesiva con mis gustos. No son especiales, no son extraordinarios ni llamativos, pero juro que mi alma los necesita.
Me aburren los diálogos sin sentido, sin algún objeto, sin algo llamativo. Últimamente no tolero nada normal, quiero ser algo que no soy, que no seré jamás. Siempre persigo lo imposible con esperanzas de poder remediarlo y así obtener algo a cambio. Soy orgullosa de mis logros, veo esos recuadros con mi nombre y mi distinción académica y me hacen bien, son pequeñas metas que fortalecen mi espíritu.
Estoy abocada a un sueño que lo sé desde pequeña pero que he ignorado. Ahora ya pude sacarlo a flote y me gusta ver como va tomando forma. Me da miedo que a causa de esto descuide otras cosas, pero no, estoy segura que podré con todo. Me aterran los fracasos, no aguantaría uno, por más que no sepa a dónde me dirija, se que moriría si me quedo en la mitad.
Mientras escribo esto, observo un cartel que dice “de poeta y de loco”, cuánta razón tiene eso, creo que todos somos así, ambiguos e impredecibles. Mientras tanto seguiré en busca de más emociones, me gusta saber que siempre seré uno mas, si claro un ser pasional. Sentimientos y deducciones filosóficas, adoro esto. Lo haré más seguido.
sábado, 26 de febrero de 2011
Ideas sin sentido pero consentidas
lunes, 7 de febrero de 2011
No entiendo por qué vivimos acá. No entiendo por qué alguien dice suficiente. Quedas en el medio de esta orgía, en el costado de este gran supermercado. Donde nada sale gratis, y es que siempre es a nosotros a los que nos cuesta caro. Si no soñara con un mundo, sin más tristezas ni carencias ni dolor, me voy.
Parece que nos vamos alejando y que ya nadie se acuerda a dónde vamos. Gente nace y crece, trabaja y muere, no encuentro la razón de estar callada. Evitar el rebaño buscando la puerta, donde la libertad me esta esperando.
sábado, 29 de enero de 2011
Penurias de bandoneón
Ella era un manantial de valores, donde el agua en su estado más puro recorría ínfimamente todo su alma. La multitud coincidía en que la moral era su más preciada sombra. Su nombre era sinónimo de lucha y perseverancia. Prefería el anonimato. Esta dulce mujer había recibido el regalo mas bello y mas natural de todo ser de su especie, un hijo… pero no cualquier hijo: “Salvador” quien poco a poco le brindaría honor a su nombre. Con el tiempo el niño fue comprendiendo aquellas injusticias, que su inocencia lograba ver con claridad. Pues claro, no le tocó la mejor época de su patria… de su amada patria. Salvador a medida que fue creciendo se fue haciendo cada vez más criollo, sí, más argentino que el riachuelo y el mate mismo.
Cuando recorría las calles de aquel barrio de La Boca tomado fuertemente del brazo de su madre, un viento muy tenue lograba empujarlo a aquella que quizá se convertiría en la razón de su vida. Divisaba a un hombre, a lo lejos, en aquel callejón donde se podía oír una alegre melodía que endulzaba todos sus sentidos, llevándolo a recorrer mundos siderales. Y... era de esperarse, era un tango del Polaco Goyeneche. Día tras día le insistía a su madre de que lo llevara al barrio, que luego en su juventud se convertiría en su morada. Con su primer sueldo que pudo conseguir de canillita en el centro de la ciudad, pudo comprarse un bandoneón. Él mismo dijo, al tiempo de fanatizarse con él, que “ese instrumento le había quitado el sueño, pero le había dado algo indescriptible como es soñar despierto”. Si “el salva” como lo apodaban en su barrio natal, era de hablar con pura rima, le encantaba aquel juego de palabras que sonaban perspicaces. Sin duda tenía alma de artista, lo fue demostrando en todas las calles de la ciudad. Su fin no apuntaba a nada relacionado con el lucro, él solo quería llevar música a cada rincón para así “sentirse un poquito más vivo”. Salvador sostenía alta su bandera de lucha por la paz, a las letras de sus tangos le incluía montones de ideales que al tiempo serían censurados.
Aquel muchacho entusiasta ya no era el mismo, sus sueños no eran más que papeles rotos de aquel espíritu de lucha que no había podido ser. Sus tangos habían muerto súbitamente. Su bandoneón no tenía más que un montón de polvo. Su rostro solo una lágrima que acompañaba el desdén de sus pasos.
Era de imaginar, Salvador no iba a rendirse. A modo de resurrección, volvió a surgir su inspiración. Volvió a escribir con anhelo, sus tangos. Salió a demostrarle a su Buenos Aires querido que él no había muerto y menos aún sus utopías. Esta alegría no duró más que unos segundos, se desvaneció. Despertó en un lugar tan oscuro como la realidad de aquel entonces. Sangre empapaba sus mejillas y manchaba su saco de gamuza un tanto gastada.Su madre no supo más de Salvador, creyó que se había fugado con su bandoneón a llevar sus tangos a un sitio lejano, pero solo segundos le duró esta ilusión. Entendió, en breve que la vida humana es como un rocío o como un relámpago, que la justicia era algo de antaño.
Pero también encontró junto con otras madres un racimo de esperanzas, que depositaron en aquellos pañuelos blancos. Escribieron una página más de la historia argentina, donde no hubo más que dolor, donde los valores se habían extinguido. Pudieron poco a poco recuperar centímetros de dignidad que sus hijos habían defendido porque querían nada más que verdad. Cambiaron su vida por un ideal, y ganaron una condena, la más bella condena que es la de su eterno recuerdo y su ejemplo por la libertad.
miércoles, 5 de enero de 2011
¿Más preguntas?
Lo siento en mis venas. Siento ese suspiro de libertad, nunca he sentido tanto como en los últimos tiempos. Me pregunto lo empírico de esto. Aborrezco también todo término relacionado con “madurez” que disfraza a nuestro verdadero ser. Creo que siempre intentamos ser tan similares, porque claro, ser distinto puede resultar divertido, entusiasta, dinámico… pero todo esto parece derrumbarse cuando ya se oyen críticas que nuestra soberbia las acusa de absurdas. Ser “distinto”, todos nos los cuestionamos. Cuando era pequeña necesitaba no desbordarme, mantenerme en esa línea en la que todos estábamos inmersos, yendo a un mismo destino. Hoy necesito perder esa cordura que hace exaltar hasta mi calma, por más contradictorio que parezca… hay un punto en los que nos damos cuenta lo bello de la diversidad que engrandece nuestra esencia. A su vez pienso que ciertos factores van logrando una introversión que nos involuciona y echa a perder todo aquello que el tiempo nos fue develando.
Muchos deciden ser “uno más” con el pretexto de que se sienten afines a cierto entorno. No logran sacar su originalidad, su propia identidad. Quizá no se sientan con confianza en que realmente son especiales en un mundo que no cesa de innovar.
Otros deciden “resaltar” ser “distintos”. Luchando contra todo o ignorando ese todo, logran su objetivo.
Todo encierra la explicación de que hay que conquistarse a uno mismo, que hay que ir buscando metas claras, marcando el punto de partida sin saber su continuidad. Descubrirse y redimir su efímero yo. Otorgarle adrenalina al mundo que en su coteidaneidad ensaya este arte de vivir.
martes, 14 de diciembre de 2010
El arte detrás del telón
Esperando que el telón concuerde con el reloj. Debía comenzar. Ya es hora de acción y no de reflexión. Como siempre, esclava de la perfección, sé que las luces esperan algo de mí que me estremece. Se que las butacas ya están firmes, idealizando futuros deseos. Sé que no sé que sé de mí pero sé que eso ahora ya no importa. Siento un suspiro que me empuja a un sueño de ya antaño. Siempre creí que el arte era la mejor creación del hombre, la más plena y la más exquisita. Logré disuadir a lo largo de está capsula en la que me veo inmersa, que era un buen sitio para que mi alma encuentre su fin. Realmente es tan bello este juego de formas inconstantes a las cuales solemos definir como el “ser” de cada humano. Pienso que esto de pensar los bellos sentimientos que se ven reflejados en el arte, puede tornar agotador. Creo que el hombre dio forma a esta creación cuando dejo de pensar, cuando dejo que su imaginación y todo su efímero “yo” camuflado en un concepto un tanto desmesurado como es el “interior”, rezumaran sin límites en una paradoja que siempre lo inquieto. Esa de encontrarle una explicación verídica a todo lo que nuestros sentidos percibieron cuando fueron concientes de su existencia.
Sé que todo esto es un interminable y colosal debate sometido a la subjetividad pura, sin ingredientes más que los que nuestra propia inteligencia y voluntad nos otorga. Pero siempre me cuestioné el sentimiento tan profundo que palpita mi corazón desde su surgimiento. Lo comprendí cuando pude enfrentarme con una pregunta un tanto capciosa: ¿Por qué creer que toda creación del hombre esconde una empírica explanación?
Cuando me di cuenta que había conquistado parte de mi misma, entendí que el entendimiento no entendía más que lo que le explicaban sus amos, más específicamente, esas dos bolas de cristal impenetrables.
Ya seguí con mi rumbo, ya todo indicaba el momento. Me encontraba extasiada. Una vez más descifre lo que balbuceaban mis propios labios, cuando en un raudo pensamiento pude comprender… claro eso mismo, no pude comprender. Fue casi imperceptible, pero todo signo dueño de la duda, ya estaba ausente a mi alrededor, fue ahí cuando me creí libre, libre para tocar las alas de ese raso y majestuoso telón..
domingo, 5 de diciembre de 2010
Ojala algún día vuelvan tus ganas de vivir, de lo contrario no sé si podré seguir. Tengo que ser fuerte lo sé, creo que no existe mayor banalidad que el empleo de palabras en situaciones que se adueñan de los sentimientos. Basta ya, me cansé de mi fiel amiga, la melancolía, me hace tanto mal. Pero ya es mía, puede que sea masoquismo o simplemente uno se acostumbra a convivir con sus miserias. No sé bien qué significan estos latidos tenues que no me dejan ni balbucear. Solo se me escapan lágrimas, creo que es mi nuevo lenguaje en este viaje por un mar de sollozos que no hacen más que ahogar a un inútil corazón.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Somos víctimas y culpables
Sociedad. Otra vez abarca todos mis pensamientos. ¿Cómo buscar una cierta coherencia en ella? ¿Cómo aún me quedan fuerzas para intentar comprenderla? Tantas falencias esconde que conlleva a las mayores miserias humanas. Estas mismas hoy podrían ser motivo de mi destrucción. El vulnerable destino o aquella fuerza superior que habita en cada espacio sé que logró evitarlo. Es tan fácil ver los minuciosos defectos, pero tan difícil combatirlos. Son ese arma mortal que aprieta el gatillo en todas nuestras mentes. Nuestro tenue grito de socorro ya no es percibido por nadie… siento que estamos tan solos. ¿Acaso sembramos esto? ¿O somos víctimas de otros seres que no pudieron ser fuertes ante una corriente de aberración?
Logro acariciar un trozo de esperanza que acompaña el desdén de mis pasos. Puedo ver paz, pero también odio, serán las dos caras de este mundo que gira buscando un rayo de Sol. Un viento arrasa todo, pero aún persisten almas que protestan, quizá así no se sientan tanto en soledad… A veces quisiera luchar contra esas agujas que logran torturarme, sé que tal vez sea tarde pero sé que muchos queremos ser testigos de un devenir que no sea prófugo del amor. Nunca te creas el único teniente de una causa, porque detrás mucha gente estará marchando contigo. Soy de las que piensan que los hombres somos buenos por naturaleza y también hijos de ella. Deberíamos ser más fuertes ante el pesimismo dominante, pero insisto que ser realista y apoyar un poco los pies sobre la tierra es lo mejor, observar y aprender. Callarnos. Aprender del pasado para construir un presente, donde no suframos ausencias injustas de seres que creyeron en los sueños de este mundo y que poco a poco hemos olvidado…